Monday, March 10, 2014

Las hojas vivas

Pasé meando el puente de Brooklyn y no digo orinando
La selva, ruidosa y densa, menos que mi selva
Surqué al revés Müllerstrafe cuando la noche hizo de los perros, policías
y no me cortaron la mano desde el autobús de Frontera Corozal

Salté por las cataratas de Eyipantla durmiendo a los guerreros
y sobrevolé, inmaculada en sari, las calles de Fangani.
La sangre se llenó de uñas en las escaleras de Nothing Hill,
buscando sombra y cuerpo.

Perseguí a los bárbaros y no digo viajeros en Lakandona.
Subí el Pacaya sujetando minerales y garrotes en las manos,
nadé cortándome las piernas entre tortugas en las playas de Oaxaca
y hasta sonreí bajo torres de cerveza en el boulevard de Veracruz

Una oruga del desierto creció en mi pantalón
tras los entrantes de peyote y atún entre arándanos y aguaceros
y de la tierra el arco-iris y de la lluvia el
Y de la lluvia el funeral.

Salí ilesa del velorio y recorrí las calles de Beacon Hill
bailé Goran Bregovich en el Village
y maché de vino el barrio hipster y casi vomité sobre el circo
de poesía que se ha convertido ahora en jazz

Follé en varios rincones de París, la nuit
y aguanté la respiración en el Faubourg Saint Antonine
En Pere Lachaise me escondí junto a los grandes
para salir nuevamente ilesa en Bastille.

Sucumbí a las ratas que venden humo en la calle SinEsperanza
fumé mirando las sillas eternas, escuchando el fin
Saqué todavía las piernas para calentarlas en Dogville
y cuando no pude, me hice telaraña y, enganchada, sobreviví.

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