Sunday, August 30, 2009

Diamantes negros

Desgarradora piel perfecta
De diamantes negros
Y ojos blancos.
Impecables paladares,
Sucias manos.
Pisadas alargadas
Por las sombras
De sus palos
Y huellas de pellejos
En sus zapatos.
Tierra que se rompe
Tras sus pasos,
Agua que se seca
En sus harapos.
Lejos de su vista
Están sus sacos,
Muerte tras la risa
De sus labios.

Saturday, August 29, 2009

La crise

Son las sombras las que acechan siempre, ¿no? Sombras de recuerdos, de cafés en antesalas de lo cierto, sombras de los miedos, de las garras de mi fiera más humana, sombras de los vivos y los muertos, de los ciertos y las mentiras. Cuando se agrietan las paredes y salen las cucarachas, tienes que esperar una canción, una sonrisa, un rayo de luz que se colará entre las pecas y así, aunque llueva, poco a poco se irán esfumando las sombras como si hubieras cerrado los ojos y estuvieras ya a punto de dormirte.

Thursday, August 27, 2009

Monday, August 24, 2009

Sin clemencia



País de servidores y servidos sin clemencia. Amalgama de vestidos y coloridos se pasean a iguales trazos por la selva, por la mierda. Zapatos en cada suelo recogidos y pies descalzos, y caras negras.


Si una niña de pelo sucio que barre de rodillas el suelo que tu pisas te pide dinero y tienes que decirle que no (porque no sirve de nada, para no favorecer a las mafias, para animarles a que luchen de otra manera) y hasta poner cara de mal humor, verás como el cielo se hace mucho más pesado.


Después, dentro del tren, unos hombres muy simpáticos te dirán, con una enorme sonrisa blanca: "Nosotros no tenemos que hacer nada, tenemos servants en casa. ¡Ven a visitarnos cuando quieras!"


Sin clemencia. Y otra vez desde la ventana del tren verás en la parte que deja al descubierto su blouse y su sari, las costillas. Una, dos, tres, cuatro ... puedes contarlas. Y las casas de cartón, que se vuelan con el aire aunque tengan ladrillos colgantes, y las ratas de la estación.

I will survive


Esta noche he sobrevivido. A un incendio estando en el último piso y sin móvil para que me avisaran. A las garras del ventilador, que querían descolgarse y cercenarme la garganta aún a través de la mosquitera. A un asesino a sueldo, que quería entrar por mi ventana (abiertas todas ellas por el intenso calor, que también casi me mata). A un ataque de locura momentáneo y espontáneo. ¡Qué largas e intensas son las horas en soledad!

Peligro en la carretera


Imagina. Que tienes un vehículo de tres ruedas al que todos llaman autoricksaw, con más potencia en la bocina que en el motor, con derecho a hacer lo que quieras y en cualquier dirección, siempre y cuando tengas reflejos y pites más fuerte, y no atropelles a las vacas. Imagina que cuando la polución que entra por las ventanas-agujero te enajena escupes un líquido rojo, por haber masticado paan. Imagina que tus brazos son los intermitentes. Estás en India.

Friday, August 21, 2009

Las cosas


Me gustan las cosas así: con una apasionante personalidad humana. Una tela es una tela, al fin y al cabo. Una tela, que además es una sábana y que ha recorrido diferentes ciudades de la India, no tiene nada que ver. Así me sucede con casi todas mis pertenencias. En cuanto tienen años, viajan, huelen o mienten acerca de su último sentido, adquieren para mí una increíble vitalidad humana que me acompaña mientras las llevo y a veces, incluso me relaja.

Wednesday, August 19, 2009

i was looking for the key for years but the door was always open




¿Que qué hago aquí? Me pregunta la Ana occidental y estresada que exige siempre respuestas. Que qué estoy haciendo aquí, bajo todas esas miradas. Aprendiendo. Que la lengua ni es idioma, ni es camino, ni es palabras. Que éramos mejores de niños con sonrisas más largas. Que teníamos un motivo sin espadas, sin burbujas, sin baratas caretas de hojalata. Cuando no había cerrojos que abrir, ni que cerrar y nadie te cortaba los pasos. Si querías volar, volabas.

Tuesday, August 18, 2009

Y ahora

Despues de la pobreza y el caos y la Abydia estan, por supuesto, las sonrisas de toda la cara. Sonrisas esponjosas y acaloradas bajo el sol, blancas espumas en sus negras caras, en sus negras mantas de ojeras. Sonrisas de otra lengua y otras vidas que intentan llenar ese vacio que siento entre mi pecho y mis piernas. Un vertigo de azar, envuelto en camisas por si peligra mi cuerpo al caer. No peligra, aunque lo agarro y ahi no hay nada, es un espacio; no peligra. Deden ser esas sonrisas de toda la cara y toda la vida las que me fascinan.

Monday, August 17, 2009

Lo tercero




4. Lo primero es el CAOS, lo segundo la pobreza, lo tercero, la intensidad. Todo se hace más intenso cuando viajas a un país nuevo, pero en la India la intensidad se llama trascendencia y se viste de ritual. Ritual de humos, y aguas del Ganges, o de cruzar calles atestadas de tráfico, o incluso ritual de comidas con picante. Todo se consume, todo arde junto con el calor pegadizo y los cuerpos sudorosos.

2. Durante el día se te olvida que tienes cuerpo. Y de repente, llega la noche y te quedas mirando en el espejo mientras te duchas. Y entonces lo ves. Tienes piernas agotadas, marcas de bikini retrasadas, pelos nuevos en el sobaco, ojos inquisidores que lo persiguen todo... Pero eres solo eso: o piernas cansadas, o restos de sol en bikini, o pelos nacientes, o luminosos ojos. Nada más. Bajo el respaldo de los otros, en casa, eres una suma incesante de todas esas marcas personales que te persiguen día y noche. Aquí al menos te dejan respirar a lo largo de la jornada.

Lo primero


1. Lo primero, el CAOS. Caos en mayúscula, y con esa destreza para el caos que sólo algunas ciudades como Mumbai tienen. Caos en letargo, con todavía sabor spicy en la boca y la mezcla de resaca y cerveza que da el avión.

Sonido sin cesar del claxon por el claxon, culebras de vehículos que se mezclan entre los edificios enormes a lo lejos y los niños desnudos lavándose con cubos.

Lo primero el Caos, lo segundo la Pobreza. También con mayúscula de sorpresa, pobreza por todos los rincones, pobreza escondida y pegada en las sábanas, pobreza de pies descalzos. No pobreza con minúscula, de autobuses destartalados, sino de aquella que deja huella en las pieles más esquivas.

De esa pobreza me quedan restos en la piel pegajosa y en los sabores de las comidas. Se marcan fotogramas en las paredes del cerebro y se convierten enseguida en secuencias definidas. Los cuerpos escuálidos derramados por el suelo de las estaciones, la suciedad, las historias de niños perseguidores repitiéndose una tras otra, una tras otra, como en un disco rayado.